jueves, 8 de marzo de 2018

IMPORTANCIA DE DECIR NO




Debemos aprender a decir no con paz, ya que esto nos trae salud. El decir no define nuestras prioridades y evita que vivamos por vivir.

Generalmente tenemos miedo a utilizar el no, ya que tratamos de agradar a todo mundo y que no se enojen con nosotros. Pensamos que decir no nos traerá graves consecuencias y que las personas nos dejar de hablar o amar. Pero la verdad es que las personas que verdaderamente nos aman no se alejarán de nosotros.

Podemos decir no y hay que decirlo en paz, sin miedos. Sin odios, sin broncas y con buen tono, hay que aprender a decir no.

Cuando no sabemos decir no, es porque no sabemos distinguir cual es nuestra prioridad de la vida, no sabemos hacia donde apuntamos, que es lo qué queremos. Cada decisión debe estar determinada por lo que queremos alcanzar, no por lo que nos digan las emociones.

La pregunta es: ¿estamos viviendo por nuestros objetivos, o estamos hablando por hablar y llevar espacios vacíos? La realidad es que si uno tiene un objetivo, puede definir qué aceptar y qué rechazar. El sí y el no son límites y permisos que nos damos a nosotros. Allí radica la importancia de estas dos palabras.

El sí y el no, forman parte de toda negociación, determinan  la posición de liderazgo, autoridad  y control sobre la propia vida de la persona; el sí y el no hablan de uno mismo, de nuestros intereses. Decir sí o no a tiempo nos libra de dolores de cabeza, nos libra de problemas nuevos y ayuda a mantenernos enfocados en nuestros objetivos.

Enfocarse bien en el sí o el no nos ayuda a saber a qué cosas decir sí o a que cosas decir que no. Con ello sabemos a quién elegir y con quien hablar o no.

La  gente se destaca cuando tiene palabra, cuando sabe decir sí o no y mantiene su posición. La gente creerá en nosotros si mantenemos nuestro si o nuestro no.

Si dudamos en nuestra respuesta es mejor tomarse unos minutos o pedir tiempo antes de dar una respuesta. Nadie debe presionarnos a dar una respuesta. Una vez definida la respuesta, hay que mantenerse firme y no cambiar. Si ya nos equivocamos, tenemos la oportunidad de empezar. Hay que establecer un objetivo y cumplirlo. Nuestro respaldo debe ser siempre la verdad y no la mentira.

Ser fiel a nuestras palabras nos hará personas creíbles y confiables. Tanto si decimos que si o que no.


Cada vez que digamos si, cada vez que nos comprometamos a decir algo o hacer algo, cumplamos. No debemos pactar con nadie, solo, con nosotros y una vez que demos nuestra palabra debemos mantenerla. Solo de esta manera nuestras relaciones serán más óptimas. Una persona fiel a su palabra es apto y confiable para dirigir y liderar.

Debemos aprender a funcionar con convicción no por emoción. Tener convicción significa tener certeza, fe, seguridad, principios. Es estar convencidos  de lo que se hace. Saber que tenemos razones y creencias que sostienen  nuestros pensamientos.

Debemos y podemos controlar nuestras palabras. Según lo que digamos nos convertiremos. Si actuamos por emociones un día querremos una cosa, pero al siguiente día otra. Viviremos animada un día bien  y desanimada el otro. Es decir, viviremos según como nos sintamos y eso no debe ser así, ya que las ideas o emociones no nos dan estabilidad.

No hay que dejarse llevar por la mente, sino por la palabra de fe. Hay que llenarnos de palabras de ánimo y de fe. Debemos hablar con fe y creer lo que confesamos. Lo que pienso, creo y lo que creo confieso. Hay que ser leal a la verdad, a nuestras convicciones y no a las emociones.

Saber pedir es importante

Las personas no son felices porque no saben pedir lo que quieren, desean o piensan. Piden pero no son específicos. Anhelan en su mente alcanzar metas, pero no saben cómo expresarlo. Hay que aprender a ser específicos, solo así podremos enfocarnos en las estrategias que necesitamos para alcanzar las metas. Necesitamos especificar que auto queremos, que casa queremos, cuánto queremos ganar, que relación queremos. Solo siendo específicos podemos llevar a cabo los que deseamos en voz alta.

Aquí algunas recomendaciones para saber pedir:

Las cosas hay que pedirlas por su nombre. Debes conocer tus derechos para pedir bien. Hay que pedir sin dudar y recibiremos lo que anhelamos.

Hay que pedir sin victimizarse. Quiero un helado en lugar de “Me voy a comprar  un helado porque tengo ganas de comerlo” o “horas encerrado acá, muriendo de  calor y nadie hace nada o por mí”. El problema de no saber pedir es que pensamos que no lo merecemos o no sabemos cómo decirlo. Pero lo real es que todo, aun lo más pequeño es para disfrutarlo.

No ser vuelteros. No darse vueltas. Ser directo y decir: quiero que me visiten.

No te enfermes al hablar. Son por lo general aquellas personas que al atravesar una dificultad o problema se enferman. Son los que enferman porque no pueden decir lo que sienten. En lugar de decir me voy de vacaciones porque me merezco o esta semana no hago nada porque necesito descansarse enferman para poder justificar estar en la cama por un merecido descanso.

Evitar hablar con indirectas. Estas personas envían misiles o indirectas pensando que así se les entenderá. Pero deben aprender a pedir. Deben ser claros y concisos. Si no aprendemos a expresar lo que queremos nos comemos nuestros sentimientos y enfermamos. Si, resentimos a nuestro cuerpo porque venimos guardando sentimientos por largo tiempo. Para estar sanos debemos aprender a elegir las palabras adecuadas y aprender a transmitir nuestros sueños, metas y proyectos. Es hora de aprender a emitir palabras de fe, aliento, sabiduría, de vida.

Decir muchos NO, es bueno.Necesitamos decir muchos no a ciertos hechos y determinadas personas. 

Evitar:

No idealicemos. Si idealizamos le colocamos en un rol superior y nosotros mermamos, nos hacemos más vulnerables y quedamos expuestos a que nos hagan daño. Debemos relacionarnos de igual a  igual. Ponerse arriba es soberbia y ponerse debajo abre el paso a que nos humillen. Todos venimos del mismo tronco  y nos merecemos las mismas oportunidades.

No actuar mal ante palabras de la gente, en especial de las tóxicas: el que se ofende con una sola palabra y de esa manera manipula y el resto lo busca; el que tira y corre, lanza un misil para ver como reaccionamos; el que lleva y trae, quiere que salgas en su favor; el psicópata que felicita y descalifica a la vez; el reaccionario  le gusta que nos involucremos para hacernos perder el tiempo.

No esperes nada de nadie. Las emociones humanas son muy variables y si esperamos de la gente nos frustraremos.

No compararse. Solo debemos ser nosotros. Nadie debe compararnos ni nosotros compararnos. La persona con baja estima siempre se compara.

No fusilar a los demás. La persona que lastima, también fue lastimada. Así que no tomemos como personal lo que digan de nosotros. Esta persona herirá a otros por su conflicto. No hay que apresurarse.

Valorar lo bueno. No venimos a cargar la cruz de nadie, ni pagar ningún pecio. Venimos a cumplir un propósito y explotar al máximo nuestro potencial.

No victimizarse. Cada uno tiene el control de què sentir, què pensar, què hablar. No podemos dejar que los demás controlen nuestras emociones, caso contrario seremos sus títeres. Nadie puede lastimarnos si no le damos permiso.

No intentar cambiar a nadie. No gastes energías queriendo cambiar a las personas. Si la persona no quiere, no cambia. Simplemente decir no a lo nos perjudica, no a los que nos hace co-dependientes. Si decimos no, estamos preparados a defender nuestros intereses y denota que nos enfocamos en nuestros objetivos.

No tengamos miedo de decir un no por miedo a perder a alguien o dejar de ser aceptado. Digamos un no certero y eficaz a tiempo. Solo así estableceremos relacione sanas y acuerdos exitosos. Si nos aferramos a la palabra fe, comenzaremos a ver nuestros sueños cumplidos. De la boca no pueden salir amor y odio. Hay que frenar nuestra lengua que es capaz de provocar incendios.

Elijamos las palabras correctas. Muchos errores los hemos cometido por no saber expresar lo que realmente hemos querido. No elegimos las palabras correcta o hablamos mucho y el otro no entiende los mensajes. Debemos aprender a escuchar lo que los demás nos quieren decir, en lugar de estar preparándonos en que decir.

Aprender a escuchar. Si lográramos escuchar lo que nos dicen los demás entenderíamos su interior y su forma de actuar. Solo cuando la persona aprende a caminar sabiendo qué decir y qué hacer se convierte en una persona sagaz. Ser sagaz no es ser pícaro, hacer trampa, sino  ser conscientes de las oportunidades que tenemos para sacarle lo máximo de provecho.

Debemos aprender a escucharnos primero a nosotros mismos, para así ser entendidos por los otros. Hay que cuidar lo que hablamos primero con nosotros mismos. Podemos decir muchas cosas inentendibles o podemos elegir lo que vamos a decir para producir cambios en los otros.

1 comentario:

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