jueves, 19 de octubre de 2017

CÓMO REDUCIR LOS CONFLICTOSPERSONALES


Cada persona tiene algo valioso, algo hermoso en su interior. Es  lo que le suelen llamar amor y  está dentro de cada corazón. La capacidad de amar surge de allí, surge de lo profundo del ser. Si el ser humano sacara ese valioso tesoro no tendría tantos conflictos.

Pero los golpes de la vida, las injusticias, las crisis, hace que se cubra con muchas defensas. La persona endurece su corazón y con mucha razón. Es natural que se defienda, es normal que tenga miedo, que se enoje, pero si se la persona se deja llevar por mucho tiempo  por lo más oscuro de su corazón, terminará dañando su vida y la  de los demás. También terminará enfermando físicamente.

Por eso es importante  volver al interior del alma, a nuestra parte más íntima donde está el espíritu para sacar lo mejor de nosotros, sacar ese tesoro escondido.

¿Cómo lograr llegar al interior? ¿Cómo alimentar nuestro espíritu?

La meditación y la oración: Estas dos herramientas puede ayudarnos  a despertar el ser que somos interiormente. La meditación da fuerza psicológica, concienciación, intuición, visión. Nos permite superar los miedos, las distracciones de la mente, nos permite estar despiertos y libres. Nos libera del peso diario que llevamos y de nuestro historial personal.

Cuando hablamos de meditación hablamos de reflexión interna. De mirar hacia dentro y preguntarnos quién soy,  qué  quiero, a dónde quiero ir.

Contemplación: Hay que saber estar presente y mirar lo que está a nuestro lado.Trabajar la dimensión espiritual da sentido a la vida, al menos si queremos  empezar a sanar nuestra psiquis. Si no se trabaja el alma, nos puede traer graves enfermedades como el cáncer, hipertensión arterial, depresiones, migrañas, cáncer, artrosis, artritis, etc.

Todos debemos vivir la dimensión espiritual, infinita y profunda, ya que ayuda a organizar de forma coherente la existencia. Hemos sido acostumbrados a mirar solo fuera, pero no nuestro interior.

Casi nunca nos adentramos en lo más profundo de nosotros y por eso dejamos de experimentar lo que somos. Al no saber cómo adentrarnos en nosotros mismos, tenemos dificultad de adentrarnos en la  dimensión espiritual de las personas que están a nuestro lado.

Para descubrir nuestro interior, para llegar a lo más profundo necesitamos del  silencio. Solo así podremos investigar si cada motivación tiene sus raíces en el lugar más profundo del corazón, en la bondad del corazón.

Debemos aprender a preguntar:
¿Quién soy?
¿Quién sufre?
¿Quién se angustia?

Debemos buscar en lo profundo de nosotros mismos a ese “quién”

Hay  que aprender a identificar esos pequeños momentos de vida que nos dan conocimiento de nuestra presencia en este mundo. Se necesita de mucha madurez para aceptar nuestras tristezas y deseos, los pensamientos que acuden a nuestra mente, el dolor y la muerte. 

Hay que sentir que frente a todos esos dilemas de la vida, hay una raíz de fe en algo bello que hay dentro de nosotros. Descubrir esa paz profunda y sincera, serena y sumisa, hace que se instale en nuestro  interior.

En alguna parte nos perdemos, en alguna parte nos confundimos y dejamos de ser lo que verdaderamente somos. Encuentra nuevamente el camino hacia lo mejor de ti.

Oración: Al interiorizar, al realizar  la oración, nos encontramos con la felicidad de nuestra vida. Debemos crear nuestro  camino, un sentido, una forma de vivir, una apertura a la conciencia, una oración, la vía del conocimiento profundo del alma.

Cuando aprendemos a reflexionar, cuando nos hacemos preguntas sobre qué queremos ser y qué estamos haciendo con nuestra vida, surge  la paz, la claridad, el amor, aspectos que revelan la salud del espíritu y que llevan a una mejor disposición para el bienestar físico.

Atención plena: Simplemente hay que estar atentos al momento presente, sin emitir juicios de valor, integrando de esta manera cuerpo y mente. La práctica de la vida permite que el ser individual se conecte conscientemente con  la fuente de la vida que es Dios.

 Esta conexión hace desaparecer la sensación de carencia, el miedo a la enfermedad, a la vejez, a  la muerte, o el miedo al cambio. Se reduce el apego individualista y se disuelve el concepto de yo separado.

El objetivo principal de la meditación es ayudarnos a despertar el ser que somos. La meditación consiste en conectarnos, a través del silencio, con lo infinito de nuestro ser interior. Se requiere de fe y determinación inquebrantable. Tenemos momentos de luz y de sombra. Es así que esta tejida nuestra vida. La verdad del ser siempre se manifiesta. Hay que saber captar esta verdad del momento en todas las circunstanciadas.

Frase:
“De eso que llamamos Dios no podemos separarnos ni tan solo en el instante de un parpadeo”.


Nuestra historia está llena de dolor, de sombras que nos impiden llegar al fondo de nuestro corazón. Pero al profundizar en lo que somos nos volemos humildes y tenemos una nueva capacidad de apertura. El apaciguamiento, la integración, la liberación del pequeño  yo hace posible que las emociones se vuelvan transparente, la percepción se aclara y una nueva sabiduría de la vida se implanta en el corazón.

Solo desde la reflexión y la oración, los pensamientos obsesivos, las sombras, se van disolviendo mientras que la conciencia gana en profundidad y amplitud, nos volvemos cada vez más equilibrados y armónicos.

Una de las barreras que nos afecta es la barrera del miedo. El miedo irracional que aparece cuando nuestra conciencia da un paso más allá de si misma. Este miedo brota del desconocimiento que tenemos de nosotros mismos.

Es imposible saber quién soy si  niego algo que me pertenece. Tenemos que estar abiertos a conocernos en todo lo que somos, con  nuestras luces y sombras. Saber mirar el árbol de nuestros errores, de todas las emociones que nos secuestra, libera nuestra energía.

Nos olvidamos que somos espirituales que necesitamos alimentar esta parte de nuestra vida. Necesitamos alimentarnos para fortalecer está área que nos da fuerza y gran confianza. Ni  el mundo de emociones puede alterar esta parte de nuestro ser cuando lo fortalecemos en el día a día. Debemos volver a nuestra parte espiritual, debemos volver a nuestra casa.

Desarrollar el poder de la aceptación: Solo quien acepta  la realidad profunda de sus ser, entiende el verdadero sentido que tiene todo en la vida. La comprensión de la realidad no es indiferente, ni la aceptación es resignación. Lo real es que quien ha comprendido es porque conoce el poder de la aceptación.

Tenemos que comprender que la vida tiene como propósito el desarrollo de la conciencia y del reconocimiento que las leyes que rigen el universo son una manifestación divina. Cualquier circunstancia cumple un propósito de amor.

 Hay momentos que, ante la indefensión del ser humano en el mundo, ante el dolor y la limitación, solo cabe rezar.











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